Ciencia, mujeres y divulgación científica constituyen el entramado de este texto. La autora las reconduce al lugar al que pertenecen, la ciencia, a la que deberíamos todos tener acceso si es que queremos realmente entendernos y entender el mundo que nos rodea. Este episodio está dedicado a las médicas romanas de la antigüedad. La participación de las mujeres en la medicina romana abarca desde la ginecología y obstetricia hasta las enfermedades de los ojos o riñones y la práctica de la cirugía. Por ende, los nombres femeninos que recoge la tradición se mueven en toda esta gama de especialidades médicas, y la referencia de Plinio el Viejo nos pone en la pista de que en esa ciudad imperial existía ya una clara distinción entre medici y obstetix. Parece que tal distinción se basaba en el tipo de formación recibida: educación propiamente científica compuesta de conocimientos teóricos en las médicas, y experiencia práctica en las comadronas o parteras. Sin embargo, en la mayoría de los casos se ubican bajo el rubro general de médicas y, en su caso, escritoras de tratados en los que aparecían sus contribuciones a dichas disciplinas.
