La tendencia de los padres a ser tolerantes y condescendientes, sin establecer límites, suele dar lugar a generaciones que crecen sin una guía firme, creyendo que toda conducta es aceptable y que toda frustración debe evitarse. La ausencia de límites genera una visión distorsionada de la realidad. Quien se educa en la permisividad cree que el mundo debe adaptarse a sus deseos, y cuando esto no ocurre, experimenta frustración, enojo y sentimientos de incomprensión que le impiden convivir sanamente con los demás. Cuando la educación se basa en una tolerancia desbordada, el resultado suele ser el fracaso emocional y social del individuo.
Esto fue lo que le sucedió a JF, uno de los protagonistas de esta novela. Su padre, Juan Francisco, siendo aún muy niño, fue llevado a la ciudad por su familia, a enfrentarse a un ambiente precario y hostil. Con esfuerzo monumental logró sobrevivir y, con mucho más tesón, superó las penurias hasta convertirse en una persona exitosa en lo laboral y en lo económico.
Junto con su esposa prometieron que sus hijos nunca vivirían la indigencia que ellos tuvieron que sufrir. Como resultado, su hijo varón, JF, fue educado en un ambiente de tolerancia desbordada sin que le enseñaran el respeto a las diferencias, ni la importancia del deber, o del esfuerzo y la autodisciplina. A JF siempre se le evitó el conflicto; él nunca supo qué era vivir bajo parámetros de firmeza y coherencia. Esto se tradujo en una vida carente de autocontrol, intolerante a la frustración, que lo condujo al fracaso emocional y, finalmente, a la muerte.
