Habrá quien afirme que "pensar el amor es matar al amor". O que hablar de una misma es olvidarse de lo común. Sin embargo, esta antología de ensayos, conformada por algunas de las voces más representativas de nuestra generación, demuestra lo contrario: cada una de las contribuciones respira, atravesadas por el cuerpo y la experiencia, y pasando siempre por la reflexión.
Los ensayos de Cuando hablamos de amor están llenos de claroscuros, de propuestas, de apuestas. Experimentan, van y vienen. Quizá sea redundante decirlo, pero rezuman afecto y promesas al mundo. A veces invitan a pensarnos fuera del espacio que es la pareja, en monogamia, no monogamia, o cualquier forma de relación amorosa, y abrirnos al todo de la sociedad. Otras, a romper los paradigmas que se nos han impuesto, o incluso que nos hemos impuesto, en ese mismo campo. A que no nos casemos (guiño, guiño) con lo que creemos que debe ser. Parecen decir: no nos vayamos con las conclusiones simples, dejemos de consumir(nos), dejemos de ponernos en cajas. Abramos en vez de cerrar. El mundo está lleno de violencia y si no tejemos redes amplias y amorosas no sabremos qué hacer con el incendio. Porque en este punto, ya no hay duda, estamos en medio de un incendio, real y metafórico. Sigamos construyendo el enorme tejido del amor polifónico, multiforme, cuestionador, generoso, amoroso, en este mundo álgido que tanto necesita de empatía y de miradas sobre la existencia del otro, la otra, lx otrx.
