Daniela Tarazona, a través de la imaginación, compone un relato donde el tiempo se pliega y se despliega. El personaje principal, asediado por el ocio, descubre en los elementos del bosque los signos de un ritmo de vida distinto al que conoce.
Este relato forma parte de la antología Las formas de la memoria, que conmemora el vigésimo aniversario de Almadía y reivindica la idea de que una editorial es un punto de encuentro.
La antología surgió cuando Almadía invitó a algunas de las escritoras más representativas del sello, y de la literatura contemporánea en general, a reflexionar sobre esos momentos que recuerdan que el tiempo ha pasado, que nosotros y quienes nos rodean ya no somos las mismas, y que vale la pena bailar, brindar, llorar, festejar (o todas a la vez) por eso mismo. El resultado es un compendio que plasma la diversidad de aproximaciones hacia el avance de la vida, a la manera en que usamos el lenguaje para reflexionar en compañía sobre el misterioso flujo del tiempo.
