El duelo es un animal salvaje que habita en cada doliente de manera singular e imprevisible. En el caso de R., el asalto se traduce en una visita desesperada al archivo que su amada Edith dejó tras morir. Mientras recorre ese vestigio de su vida, R. intenta, en una carrera contra el tiempo y contra el olvido, convencer a su viejo amigo y editor, Gabriel Fonseca, de publicar un libro con la obra de Edith.
En sus cartas y reflexiones emergen los canarios, como Edith llamaba a sus cuadernos: criaturas centinela que anuncian el peligro, oráculos que detectan la muerte antes de que alcance a los vivos. Los canarios son entonces una colección de agonías que recogen instantes precisos de transición: un monje vietnamita que se inmola, un suicidio masivo en las Islas Marianas, un hombre que se arroja al metro, una niña atrapada en los escombros tras una erupción, entre otros.
Así, esta novela epistolar configura un recinto que retrata el palimpsesto de la memoria; la agonía amorosa y el fulgor de la muerte; el fardo de la soledad y la inclemencia del tiempo; y la sintaxis en la imagen y la forma en la palabra.
En esta versión sonora, interpretada por Marina Azahua, Elvira Liceaga y Rafael Pacheco, las voces e imágenes del libro impreso cobran una vida singular e invitan al oyente a internarse en los ecos, la música y los silencios que habitan el duelo y la memoria.
